Llegamos a la última parte. La vela se enciende durante la ducha y permanece encendida hasta consumirse, sin dejarla sola en ningún momento. Su llama sella todo aquello que hemos declarado: amor propio, belleza, confianza y magnetismo. Cuando la vela se ha consumido por completo, el frasco queda sellado. Guárdalo en un lugar alto, de preferencia en la cocina: el corazón de la casa, donde se alimenta, se reúne y se sostiene la energía del hogar. Y recuerda: este ritual no busca darte algo que no tienes. Busca recordarte todo lo que ya eres Yo soy amor. Yo soy belleza. Yo soy confianza. Yo soy magnetismo. Aquí termina el ritual. Pero el verdadero trabajo empieza cuando vuelves a mirarte y reconoces a la mujer que tienes delante