Hay días en los que, después de una visita, una discusión o simplemente una situación intensa, sentimos que el ambiente de casa se ha quedado diferente… más pesado, más incómodo o cargado. Para esos momentos puedes hacer este ritual tan sencillo. Necesitas únicamente: Un vaso con vinagre. Orégano. Pimienta negra. Una vela blanca Añade el vinagre al vaso, una cucharada de orégano seco y 3 bolas de pimienta negra. Colócalo junto a la puerta de entrada, acompañado de la vela blanca. Déjalo durante toda la noche. Mientras lo colocas, puedes poner tu intención de forma sencilla: que todo aquello que no quieras conservar en tu hogar se vaya y que vuelva la calma, la armonía y la tranquilidad. Al día siguiente, desecha el contenido directamente por el wáter y deja que el agua se lo lleve. No necesitas complicarlo más. A veces, un ritual sencillo, hecho con intención, es suficiente para marcar ese momento de “hasta aquí” y abrir espacio a una energía más ligera Ideal después de visitas, discusiones, días tensos o cuando simplemente sientas que necesitas renovar el ambiente de tu casa. Guárdalo para cuando lo necesites y compártelo con esa persona que siempre dice: “Aquí pasa algo…”