Comenzamos con un algodón empapado en alcohol. Lo pasamos por nuestra corona, tercer ojo, sienes y manos, limpiando las energías densas y pesadas que hemos ido acumulando. Después, lo quemamos para representar la transformación y liberación de todo aquello que ya no queremos cargar. Tomamos una vela de miel y la pasamos por nuestro cuerpo, de arriba hacia abajo, para cargarla de intención. En una bandeja colocamos un puñado de arroz, formando los caminos que queremos abrir. Dividimos una rama de romero en cuatro y colocamos en los senderos. Añadimos una vela con clavos de olor, destinada a proteger nuestra energía, y un vaso con agua, que actuará como puente entre mundos. En el centro colocamos nuestra vela. Ahora bañamos los caminos y la vela con miel, atrayendo dulzura, prosperidad y caminos favorables. Sobre la miel añadimos diente de león, rosa, anís estrellado y canela, cada uno aportando su propia intención al trabajo. Y entonces, encendemos las velas y dejamos que el ritual haga su parte. Salud. Dinero. Amor. Nosotros Cuatro caminos que abrimos con una misma intención: que nada siga bloqueando aquello que está destinado a avanzar.
Apertura de caminos II
Arroz, romero y miel trazando cuatro caminos: salud, dinero, amor y nosotros mismos.