Tras un trabajo de sombras que integrar y un periodo de reflexión, vamos a descargarnos. A soltar. Prepara tu baño con romero, laurel, salvia blanca, una pizca de ruda y lavanda para suavizar. Pon el agua al fuego, y cuando rompa a hervir, añade las hierbas y déjalas durante 10 minutos. Luego apaga la llama. Déjala reposar 20 minutos para después colarla en otro recipiente más cómodo. Momento del baño. Primero limpia tu cuerpo como de costumbre. Luego, vierte lentamente la preparación del cuello hacia abajo. Nunca sobre la cabeza. Mientras el agua cae, imagina cómo todo aquello que pesa comienza a desprenderse. Lo que no es tuyo. Lo que ya terminó. Lo que has sostenido demasiado tiempo. Lo que ya no quieres llevar contigo. «Suelto lo que pesa. Devuelvo lo que no me pertenece. Dejo marchar lo que ya cumplió su ciclo. Limpio mi camino. Cierro lo que debe cerrarse. Vuelvo a mí.» Quédate unos segundos en silencio. Respira. Y deja que tu cuerpo se seque solo. No todo lo que llega a nuestras manos está destinado a quedarse. A veces, la magia también consiste en saber soltar