Después de mirar hacia dentro, también hay que saber quedarse en silencio. Hoy preparamos una infusión con manzanilla, lavanda, agrimonia y lúpulo. Agua calentita. Una taza entre las manos. El móvil lejos. La respiración lenta. Y simplemente nos sentamos. Sin buscar respuestas. Sin intentar cambiar nada. Sin exigirnos estar bien. Solo observar qué queda cuando dejamos de hacer ruido. Respira. Inhala calma. Exhala tensión. Y mientras tomas tu infusión, repite: «Me permito parar. Me permito descansar. No tengo que resolverlo todo hoy. Confío en el silencio que también sabe sostenerme.» Hoy no buscamos señales. Hoy somos la pausa